Vuelve Orozco a Guerrero Negro
- junio 8, 2012 , 10:11 am
Tras participar en bienal cubana, llevará obra a dos Guggenheim.
Gabriel Orozco había dejado un pendiente en Isla Arena, en Guerrero Negro, lugar de donde extrajo la osamenta de ballena gris que transformó en oseoescultura, Mátrix Móvil, y que cuelga desde hace 6 años en el interior de la Biblioteca Vasconcelos.
Recuerda que entonces observó desechos de industrias humanas, de diversa índole, que naufragaban en la playa provenientes, sobre todo, de las corrientes marinas que venían de Alaska o Asia.
Había un proyecto allí que debía desarrollar.
“No estaba entonces concentrado en esa búsqueda, pero me quedó el pendiente”, dice en entrevista.
En febrero volvió a la Península de Baja California para saldar esa cuenta y ya está en la recta final. El resultado lo expondrá en dos museos Guggenheim, primero en el de Berlín, en julio, y luego en el de Nueva York, noviembre; el recinto berlinés fue el que le comisionó el proyecto, que además adquirirá para su colección.
Orozco prefiere no revelar demasiados detalles debido a que el proyecto sigue en proceso, pero adelanta la naturaleza del trabajo.
“Organizamos una expedición para recolectar todos los objetos que llegan a esa playa. La idea fue recolectar desechos de industrias humanas; esta vez nada de huesos o material orgánico”.
El artista estuvo en el sitio una semana junto a seis colaboradores recolectando desde envases y boyas viejas hasta elementos inverosímiles, como rollos de papel higiénico que la sal, el agua y la arena habían impreso en ellos la apariencia de estar petrificados; se habían transformado en una suerte de caracolas.
“Se convirtió en una exploración bastante interesante, un poco arqueológica”, cuenta Orozco.
El proyecto, que parte de un lenguaje ecológico, se complementa con una acción similar que llevó a cabo en un campo cercano a su casa de Nueva York, a donde suele ir a jugar futbol o tirar su boomerang. “Empecé a notar en el suelo muchos residuos, pedacería de partes de zapatos, botellas, goma de mascar, y empecé a recolectarlos. Curiosamente, al final recuperé del campo la misma cantidad de objetos que en Baja California, unos mil 118″.
El Guggenheim de Berlín recibirá los más de 2 mil elementos hallados, junto a registros fotográficos de estudio.
Deja ‘marcas’ en La Habana
Mientras concluye el proyecto de Isla Arena, Orozco prefiere hablar de su participación en la Bienal de La Habana, en la cual participa por primera vez y que concluye el 11 de junio.
Su propuesta fue intervenir un inmueble abandonado dentro del complejo de ISA, Universidad de las Artes, conformado por una serie de edificios de los cuales no todos están ocupados.
Cuenta que el complejo se ubica en lo que fue un exclusivo club de golf en el que jugaron Fidel Castro y el Ché Guevara tras el triunfo de la Revolución.
“En pleno sueño guajiro, socialista, decidieron levantar las escuelas de arte en el club. Se lo comisionaron a unos arquitectos, pero sólo acabaron dos, porque en el proceso hubo desencuentros políticos o grillas”, recuerda Orozco.
“Yo hice mi trabajo en la que debió ser la Escuela de Ballet. Su arquitectura es parecida a la de los otros edificios, pero ésta era, a mi gusto, la más afortunada, la más elegante”.
Para la intervención requirió a la bienal 10 escobas, 10 cubetas, 10 trapeadores, dos palas y un grupo de estudiantes voluntarios interesados en ayudarle.
Lo que se propuso era “limpiarla” del abandono, pero con cierta intención. “Durante una semana, con la ayuda de 12 estudiantes, nos pusimos a palear, trapear, barrer, pero con cierto sentido, no con la sola idea de limpiarla. Se trataba de iluminar ciertas áreas y aclarar otras; indicar momentos (…) Se convirtió en una especie de seminario del polvo, el lodo, la luz, la intemperie, la arquitectura”.
La acción se traduce, por ejemplo, en un círculo de mosaico perfectamente limpio al interior de un baño, mientras que fuera de sus límites permanece la mugre y el lodo. O una habitación que parece de pronto pulcra, a no ser por la presencia de un montículo de tierra que contiene un zapato viejo y una plantita en crecimiento, elementos que ahora parecen “sembrados” en la escena cuando en realidad son huéspedes originales.
Las marcas del proyecto permanecerán en la vieja escuela hasta que el olvido vuelva a apropiarse del espacio.
Cierra ciclo Guggenheim
El mexicano Gabriel Orozco será el penúltimo huésped del Museo Guggenheim de Berlín antes de que cierre en su actual sede.
La conclusión del ciclo tiene que ver con el vencimiento del contrato de patrocinio que tenía desde 1997 con el Deutsche Bank, propietario del inmueble.
Tras Orozco, pisará el sitio la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman, siendo la última artista que ahí exponga. “Me tocó estar en cierre de este último ciclo”, señala el mexicano.
El museo ha anunciado que no cerrará; actualmente busca una nueva sede.
Fuente: Reforma



























