Juegos de poder por: Leo Zuckermann
- julio 13, 2012 , 9:35 am
Tres iniciativas de Peña: dos interesantes y una dudosa
Habrá que esperar los detalles pero, de entrada, dos de estas propuestas parecen potencialmente buenas para la democracia mexicana.
La semana posterior a las elecciones, López Obrador fue el que logró poner la agenda mediática. Esta semana, el candidato ganador por fin salió a los medios a contrarrestarlo, no sólo respondiendo los alegatos de fraude sino anunciando un primer equipo de colaboradores y tres iniciativas de cambio que pretende promover de inmediato.
Habrá que esperar los detalles pero, de entrada, dos de estas iniciativas parecen interesantes y potencialmente buenas para la democracia mexicana. La primera es una iniciativa de reforma a fin de “profundizar y ampliar la transparencia de todos los órdenes de gobierno y de los Poderes de la Unión, dotando para tal propósito al Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos, al IFAI, de competencia en asuntos de los estados, los municipios, el Poder Legislativo y el Poder Judicial”.
Es una buena idea. Es la hora de que la transparencia gubernamental sea una realidad en los estados y municipios que son paraísos de la opacidad. Muchos gobernadores y alcaldes abusan del poder porque no están sujetos a los mismos estándares de transparencia que existen para el Ejecutivo federal. Ni se diga del Poder Legislativo donde las bancadas de los partidos ejercen muchísimo dinero sin tener que presentar cuentas. Tampoco está mal que los jueces se acostumbren a una mayor transparencia en el manejo de sus dineros y decisiones judiciales. En suma, me parece positiva esta iniciativa de Peña.
La otra que me gusta, aunque habrá que esperar los detalles, es “crear una instancia ciudadana y autónoma que supervise la contratación de publicidad entre los gobiernos y los medios de comunicación, con el propósito de que la información que los gobiernos den a conocer a través de los medios de comunicación y de espacios contratados se apegue a principios de utilidad pública, de transparencia, de respeto a la libertad de prensa y de fomento al acceso de información de la ciudadanía”.
Ayer, en su columna de Milenio, Héctor Aguilar Camín argumentaba, con razón, que “la relación de las televisoras con la publicidad política es opaca, fuente de corrupción, tráfico de influencias y descrédito democrático. Mientras no se transparente esa relación, la democracia mexicana padecerá de mediocracia y las televisoras, Televisa en particular, serán blancos de la sospecha pública, tanto como del encono de los políticos, en particular de los perdedores, que son siempre mayoría”. Para tal efecto, Aguilar Camín propone que “gobiernos, candidatos y partidos se arreglen en sus necesidades de comunicación con los tiempos oficiales de que disponen, que no son pocos, y termine este mercado de influencia política pactada con dinero público a espaldas de los ciudadanos”.
Esa sería una solución de fondo. Veo difícil, sin embargo, que políticos y televisoras la acepten. Se ve más factible, entonces, la iniciativa de Peña: una comisión ciudadana y autónoma que supervise, regule y transparente los multimillonarios contratos de propaganda gubernamental, que a final de cuentas es política, en los medios electrónicos. Para que funcione, este organismo deberá tener los dientes necesarios para auténticamente regular a los poderosos actores involucrados.
La tercera iniciativa es en la que tengo dudas. Se trata de “la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción, un órgano con autonomía constitucional que tenga facultades para investigar y sancionar actos de corrupción de los tres órdenes de gobierno y de los Tres Poderes de la Unión”. Cuando comenzó el sexenio de Miguel de la Madrid se estableció la Secretaría de la Contraloría, hoy de la Función Pública, con el propósito de combatir la corrupción en el Ejecutivo federal. Treinta años después, es posible afirmar que la Contraloría no redujo la corrupción gubernamental. Es más, acabamos en una peor situación con deshonestidad en el gobierno y más trabas burocráticas. Es el mismo riesgo que tiene la iniciativa de Peña: crear un nuevo monstruo burocrático sin capacidad política y jurídica para combatir, de verdad, la corrupción.
En suma, Peña ya lanzó sus tres primeras iniciativas que va a promover. Ahora falta ver, como dice Carlos Puig, quién le toma la palabra.
Twitter: @leozuckermann





























