Política incorrecta por: Marco Aurelio González Gama
- julio 29, 2012 , 2:35 pm
Inglaterra, o el peso de la historia
Vamos a dejar la política por la paz un rato, vamos a hablar de cosas que verdaderamente valen la pena, hablemos de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La inauguración de la justa deportiva –que a mucha gente no gustó- fue como un rápido repaso a la historia del mundo, y es que hablar de la historia de Inglaterra o de la Gran Bretaña si se quiere, es como hablar de la historia del mundo.
Antes quiero confesar que, desde siempre –desde que tengo uso de razón- he sentido una especial debilidad, por no decir devoción, por Inglaterra y todo lo que ha representado esta nación para la humanidad. Tengo razones de sobra para sustentar ese sentimiento. Como estudioso de la ciencia política, nunca ha dejado de sorprenderme el hecho de que fue en ese país en donde por primera vez se estableció el orden constitucional como un medio para regular la convivencia entre los hombres y establecer algunas limitaciones al poder del soberano. Fue en el año de 1215, cuando el rey Juan I de Inglaterra sanciona favorablemente el documento que posteriormente sería conocido como Carta Magna (Magna Carta Libertatum) que, entre otras cosas, prohibía al rey imponer a su libre albedrío impuestos a sus súbditos si antes no habían sido consultados al respecto.
Un hecho notable y muy adelantado para su tiempo, sobre todo si tomamos en cuenta que, por ejemplo, la primera Constitución que nuestro país tuvo fue en 1824, la de Inglaterra se dio 600 años antes –antecedente mundial sólo comparable con la fecha en que surgió el primer ombudsman, hecho que se dio en Suecia en 1713-. Pero Inglaterra no nada más ha sido la primera en establecer el orden constitucional, fue también el país en donde nació la Revolución Industrial, allá a mediados del siglo XIV. Por eso fue tan significativo el repaso que hicieron los anfitriones olímpicos de esa parte de la historia, en donde pasan de una sociedad rural a una industrial dominada por la explotación de carbón, las incipientes fundiciones y la producción del hierro.
A la par del surgimiento de la revolución industrial, surgieron nuevas formas de organización social como los sindicatos, y propiamente dicho, nace el capitalismo en su forma más pura, el llamado capitalismo industrial y el capitalismo financiero. Todo esto sucedió en aquel relativamente pequeño conjunto de islas de formas caprichosas ubicado en el Mar del Norte, en la parte septentrional del Canal de la Mancha.
Con el surgimiento de la era industrial, se dio también el de la máquina de vapor y los inicios del ferrocarril que, por supuesto, ayudaron a consolidar el poderío económico de Albión, ya que, durante muchos siglos, fue la gran dominadora de los mares del mundo, desde el oceáno Atlántico hasta la lejana Oceanía, pasando por el pacífico sur, la costa africana y el Golfo de Bengala. Nada más por mencionar un dato, en tiempos del rey Jorge VI (el padre de la reina Isabel II), a mediados del siglo XX, Inglaterra dominaba casi la tercera parte de la población mundial, y es que desde el punto de vista puramente del desarrollo histórico de las naciones, cuando se habla de dominación, de imperialismo, de colonialismo, del dominio de ultramar y de una flota naval poderosa, necesariamente nos tenemos que remitir a Inglaterra.
Y es que no se trata de defender a un sistema de dominación en particular –por definición repruebo toda clase de colonialismo-, pero esa es la historia del mundo, así es la historia de la humanidad, esa es la historia de los pueblos y así ha avanzado el mundo: la superposición de unos sobre otros, la dominación del poderoso sobre el débil. Lo más notable en este caso, es la enorme capacidad de los habitantes de una isla, “aislada” de territorio continental, de pequeño tamaño y de cómo tuvieron el arrojo suficiente para salir a navegar los oceános y dominar el mundo. Esto, quiérase o no, habla de la enorme voluntad de un pueblo, de su fuerza inconmensurable que no se achicaba ante nada ni nadie.
Un maestro que tuve de teoría política en la universidad hacía notar que el poderío de una nación no necesariamente correspondía al de la extensión de su territorio, decía que, a veces, era indirectamente proporcional a él –su territorio- y daba como ejemplo a Japón, “el Imperio del sol naciente”, que siendo una isla, hubo una época reciente en la que dominó los mares del sur de Asia hasta el oceáno Índico, a China y hasta la llamada Indochina, y qué cierto. Haciendo a un lado los afanes bélicos de Inglaterra y Japón, en el caso concreto de la primera, un libro que arroja parte de la explicación es el ya clásico de Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo (“…amor al trabajo, honradez, ahorro y un apego permitido a lo material”), pero la concepción religiosa la comparten con los orientales, al ser la religión un acicate y no un lastre, sin duda.
La grandeza de Inglaterra, sin embargo, se nota en su impronta en la literatura inglesa (dramaturgia, economía, sociología, ciencia ficción, poesía y novela) en donde destacan desde William Shakespeare, Thomas Hobbes, John Locke, Robert Louis Stevenson, Jane Austen, Charles Dickens, Virginia Wolff, James Joyce, Agatha Christie, George Orwell, Arthur C. Clarke, Chesterton y hasta la misma J. K. Rowling. Un capítulo aparte es la música popular, en donde destacan, en primer lugar The Beatles, The Rolling Stones, Cat Stevens, Tom Jones, Engelbert Humperdinck, Sting, Adelle y Queen y en el séptimo arte Charles Chaplin, el Gordo y el Flaco, David Niven, Roger Moore, Tony Curtis, Richard Burton y Elizabeth Taylor.
Últimamente ha adquirido una especial notoriedad Timothy John Berners-Lee, pero no se puede olvidar a Charles Darwin, a James Cook y muchos otras figuras notables, una iconografía de alcances universales, en Inglaterra, hasta su bandera es una imagen iconográfica, en el mundo hablar del reloj, es hablar de la Torre de Londres, hablar de monarquías es hablar de la Casa Windsor y no pueden faltar en esta galería la policía mejor conocida como “Bobbies”, las casetas telefónicas, los taxis negros londinenses y los autobuses urbanos dos pisos.
Cerraría con la historia apasionante de la más grande victoria naval alcanzada por país alguno en la historia de la humanidad: la batalla de Trafalgar, en donde la armada real inglesa al mando del Almirante Horacio Nelson venció a la llamada “flota invencible” conformada por buques navales de guerra de Francia y España, que en el papel superaban en número y tamaño a los ingleses.
Por eso y más, Inglaterra tiene un lugar de primer orden en la historia del mundo, y hoy que Europa se encuentra en crisis, sólo dos de sus más emblemáticos países, muchas veces enemigos declarados, parecen estar a salvo de la tempestad: Inglaterra y Alemania.
Por eso y por más me dejó muy satisfecho la inauguración de los juegos olímpicos.
@marcogonzalezga



























